ya no soy masQue fastidio, desgaste de consuelo. Abarrotados los cabellos de una yegua, fiel y mansa al galope de esos ojos, acariciando la vela y el fuego que envenena. Las miradas que consumen, los pasos de la lujuria, caen del cielo como lluvia que embriaga, desata el rimel de los cálidos ojos que queman a su vez el frio de las paredes. Vacías como el jarro que contiene sus lagrimas, su sangre y su menta que inhalas por dolor. Fuera de la casa los pájaros se hacen mierda. Triste y alegre sus cantos al sol. No me mires mas, pues ya no soy mas, solo triste soy.
Aji picanteAfuera las hojas, con su llanto de ajíes rancios. Esta noche ni un pájaro canta, el viento sopla y congela mis lagrimas. Calcinando el acido que rompe mis mejillas, así que mis ojos no lloren mas. Muerte a la vieja que dibuja en tu pared un pájaro blanco, no, una paloma de paz. Sus brazos se estrechan. Tumores de amor, dicen sus dedos moviendose. Que gratitud al tener al menos los brazos, tus dedos no sirven ni para ayudar a la patria. Ni para hacer hijos ni para desgarrarme el alma. Rancios como los ajíes colgados con pinches de madera.